¿Delito de amenazas en tu empresa? Lo que debes saber para actuar y defenderte

delito de amenazas en el ámbito empresarial
Un empresario revisa un correo amenazante en su oficina, reflejando la preocupación y el impacto de las amenazas en el ámbito laboral.

Las amenazas en el trabajo son un tema que desafortunadamente, algunos empresarios de nuestro país prefieren ignorar. ¿Por qué? Porque aceptar que existen, implica asumir responsabilidades, y eso incomoda. Sin embargo, eludir el problema no lo hace desaparecer; al contrario, lo agrava. Además, el delito de amenazas no es solo un problema del trabajador afectado únicamente, sino una bomba de relojería que, de no ser desactivada a tiempo, puede arrasar con la reputación y estabilidad del negocio.

Es curioso cómo algunos empresarios subestiman el impacto de una acusación de delito de amenazas en el ámbito empresarial. Se creen inmunes, hasta que un empleado decide tomar cartas en el asunto. Entonces, lo que parecía un simple malentendido, se convierte en una pesadilla legal, con inspecciones laborales, demandas y, en el peor de los casos, sanciones penales. Ignorar o minimizar este tipo de situaciones, nos hace igualmente responsable de quienes lo cometen, afectando nuestra moral, el nombre de nuestra marca. 

En este artículo, vamos a analizar qué constituye una amenaza en el ámbito empresarial, cuáles son las consecuencias legales y, lo más importante, cómo actuar ante amenazas en el trabajo. Porque, si bien lo ideal es no tener relaciones laborales con personas tóxicas, pero si llegase a ocurrir, hay que saber cómo actuar cuando la situación lo requiere.

¿Qué se considera una amenaza en el ámbito laboral?

El Código Penal español, en el artículo 169, está establecido que una amenaza, se convierte  en un delito cuando una persona intimida a otra, diciéndole que le causará algún mal que pueda ser considerado grave. Desde el punto de vista empresarial, esto se traduce en declaraciones, gestos o conductas destinadas a generar miedo o sometimiento en el trabajador, aunque en ocasiones más graves puede sugerir daño físico o moral. 

Es importante aclarar que, no toda discusión acalorada constituye un delito de amenazas en el ámbito empresarial, pero existen ciertos límites que no se deben cruzar, porque la situación dejaría de ser un simple conflicto laboral. ¿Ejemplos? Un superior que insinúa represalias si un empleado no cumple ciertas exigencias, o un compañero que lanza advertencias veladas o un cliente que, en un ataque de ira, amenaza con «arruinar la vida» del personal.

Ahora bien, muchas veces ocurre que existen «amenazas verbales» por un momento de ira desenfrenada, pero que no son más que palabras mal orquestadas, pero… ¿Qué diferencia a una amenaza laboral o una explosión colérica? Pues, dependerá totalmente de intención con la que se haga y en cómo afecte a la persona. Si la amenaza genera un miedo real y fundado, estamos ante un problema legal bastante serio serio.

Tipos de amenazas en el trabajo

Dicho lo anterior, es necesario puntualizar que existen diversas formas de amenazas en el ámbito empresarial. Algunas son totalmente evidentes y reconocibles, otras son más «disimuladas» por así decirlo, pero todas pueden desencadenar consecuencias legales.

Aquí te comento algunas de las más frecuentes: 

1. Amenazas verbales y escritas

Como podéis imaginar, son las más comunes, y pueden presentarse de las siguientes formas:

  • Un correo con tono intimidatorio
  • Un mensaje de WhatsApp agresivo
  • Una advertencia verbal en una reunión.

Todas pueden ser utilizadas como pruebas ante una denuncia formal. Si la amenaza es clara, directa y genera temor en el receptor, hay base legal para actuar.

2. Amenazas psicológicas o de represalias

Aquí entramos a un terreno más escabroso, y mucho más frecuente del que creemos, me refiero a la manipulación. Frases como «Si denuncias, te haré la vida imposible», «Olvídate de ascender en esta empresa» o «No conviene enemistarse conmigo» son formas de coacción disfrazadas. No hay gritos ni insultos, pero la presión psicológica es evidente.

3. Amenazas físicas dentro de la empresa

Menos frecuentes, pero evidentemente son las más graves. Aquí pueden venir desde; empujones, gestos violentos o insinuaciones de agresión, y todas en mayor o menor medida, escalan rápidamente a los delitos más graves en cuanto a amenazas. Aquí, la persona o la empresa en general puede enfrentarse a una denuncia laboral, sino también penal.

Consecuencias legales de las amenazas en el ámbito empresarial

Creéis que esto no va contigo, que eres el dueño de la empresa ¿verdad? Piensas que las amenazas en el trabajo son un problema entre empleados y que, mientras no seas el agresor, estás fuera de peligro. Es un error muy grave y muy común. Como propietario de la organización, tienes una responsabilidad legal sobre lo que ocurre dentro, y hacer la vista gorda no te exime de nada. De hecho, en muchos casos, puede convertirte en cómplice.

Si un trabajador denuncia una amenaza y se demuestra que la empresa no actuó, el golpe no será solo para el agresor. La empresa también será señalada. Y cuando pasa, lo que podría haber sido un problema aislado se transforma en una crisis legal y que afectará terriblemente a la reputación de la marca. ¿De verdad vale la pena arriesgarte a eso?

Cuando hablamos de las consecuencias legales del delito de amenazas en el ámbito empresarial la legislación española es clara y contundente:

  • Responsabilidad penal del agresor: si la amenaza es grave, el artículo 169 del Código Penal prevé penas de seis meses a dos años de prisión. Si la amenaza no llega a considerarse grave, el castigo puede ser menor, pero el antecedente queda.
  • Multas económicas a la empresa: si se demuestra que la organización permitió un entorno de trabajo hostil sin intervenir, las sanciones económicas pueden superar los 187.000 euros, dependiendo de la gravedad del caso (Ley de Infracciones y Sanciones en el Orden Social).
  • Indemnización por daños y perjuicios: si el trabajador afectado decide interponer una demanda civil y el juez le da la razón, la empresa podría estar obligada a pagar una indemnización considerable.
  • Inspecciones de trabajo: una denuncia bien fundamentada puede abrir la puerta a una inspección exhaustiva por parte de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, con consecuencias que van más allá del caso puntual.
  • Daño reputacional: en la era de las redes sociales, un escándalo por acoso y amenazas laborales se convierte rápidamente en veneno para la imagen de la empresa. Y recuperar la confianza del mercado, créeme, es mucho más costoso que prevenir el problema desde el principio, en estos casos no aplica eso que dice que «toda propaganda es buena«. 

Cómo actuar ante amenazas en el trabajo

Cómo actuar ante amenazas en el trabajo
El asesoramiento en un caso de amenazas en el trabajo, destacando la importancia de la defensa legal en estos casos.

Si alguien en tu empresa recibe una amenaza, tienes dos opciones: hacer como que no ha pasado nada y esperar a que la ley y la justicia toque tu puerta, o actuar con inteligencia y frenar la situación antes de que se convierta en un desastre legal y reputacional.

Nuevamente te digo, no gestionar esto correctamente es una invitación a multas, inspecciones y titulares que nadie quiere ver asociados a su negocio.

Así que, si de verdad te tomas en serio la seguridad y estabilidad de tu empresa, esto es lo que debes hacer:

1. Investigación interna inmediata

No esperes a que el afectado acuda a los tribunales. Lo primero es entender qué ha ocurrido. ¿Quién ha amenazado a quién? ¿Hay pruebas? ¿Existen testigos? Aquí es fundamental actuar con diligencia y con absoluta neutralidad, sin prejuzgar ni minimizar la situación.

2. Medidas disciplinarias firmes

Si la amenaza ha sido real y demostrable, la empresa debe actuar con contundencia. Dependiendo de la gravedad, esto puede ir desde una sanción interna hasta un despido disciplinario. Pero, ojito con esto: todo debe estar bien documentado y respaldado con pruebas. Una decisión precipitada, sin basamento legal solo conseguirá que la empresa termine en un juzgado por despido improcedente.

3. Denuncia ante las autoridades, si es necesario

Si la amenaza es grave (piensa en violencia, represalias o coacción), no basta con sancionar al agresor. Es necesario que la empresa facilite la denuncia y se asegure de que el trabajador afectado no sufra represalias por ejercer su derecho. Aquí, la colaboración con abogados especializados es fundamental para evitarte problemas.

4. Refuerzo de políticas internas

Finalizado el asunto, ahora más que nunca tendrás que aprender prevenir este tipo de situaciones. Si en tu empresa no existen protocolos claros para abordar acoso y amenazas laborales, es momento de implementarlos. No hay excusas.

Lo que diferencia a una empresa bien gestionada de una irresponsable no es si ocurren problemas (porque desafortunadamente, ocurre en todas), sino cómo se manejan. 

Responsabilidad del empresario en la prevención de amenazas

Siempre se ha dicho que, la mejor batalla es aquella que se evita, y bueno en este caso es la prevención. Aquí te dejo algunas estrategias para prevenir amenazas en tu empresa:

  • Política de tolerancia cero: no basta con discursos bonitos. La empresa debe dejar claro que las amenazas y el acoso no serán tolerados bajo ninguna circunstancia.
  • Capacitación constante: directivos y empleados deben recibir formación sobre cómo detectar y actuar ante amenazas.
  • Canales de denuncia anónimos: muchas víctimas no denuncian por miedo a represalias. Un canal seguro y confidencial puede marcar la diferencia.

Defensa legal ante una acusación de amenazas

No solo los trabajadores pueden ser víctimas; los empresarios también pueden enfrentarse a acusaciones infundadas. Si alguien te acusa de un delito de amenazas en el ámbito empresarial, esto es lo que puedes hacer para defenderte:

  1. No entres en pánico: no todas las denuncias prosperan. Mantén la calma y actúa con inteligencia.
  2. Recopila pruebas: correos, testigos, grabaciones… todo lo que pueda demostrar que la acusación es falsa o malintencionada.
  3. Asesórate legalmente: no juegues solo. Un abogado especializado en derecho laboral y penal será tu mejor aliado.

El delito de amenazas en el ámbito empresarial no es algo que se deba desestimar. Las consecuencias podrían ser devastadoras tanto para la víctima como para la empresa. La clave está en prevenir, actuar con rapidez y saber defenderse si es necesario.

Los empresarios no pueden permitirse la ingenuidad de pensar que esto «no pasa en mi negocio, todos somos como hermanos«. Cuando las amenazas surgen y no se controlan, el problema crece hasta volverse inmanejable. Por ello, previene, y en caso de que ocurra, actúa con diligencia.

¿Estás preparado para manejarlo?